Minas de Guanajuato


El origen de la ciudad de Guanajuato fue, el descubrimiento de las fabulosas minas de plata, que la convirtieron a fines del siglo XVIII en el principal productor de ese metal del mundo entonces conocido. Los primeros hallazgos están envueltos en un halo de leyenda del que es difícil distinguir la realidad de la fantasía. No obstante, no parece haber duda que fue en el año de 1558 cuando se empiezan a trabajar los primeros tiros de minas en Rayas y Mellado; y que es ese mismo año cuando desde estos tiros se descubre la famosa veta madre de Guanajuato. Esta prodigiosa veta corre a lo largo de los cerros que limitan la cañada guanajuatense por el norte y el nororiente, dejando en la superficie terrena una constelación de minas, tiros y bocaminas, que constantemente persiguen el quebrado trayecto de la veta.
En la cima de estos cerros se encuentran un gran número de imponentes ruinas que delatan otra cantidad igual de laboríos de extracción del mineral; de esta manera, internados entre los cerros, se encuentran las minas de Calderones, El Cedro y El Cubo, en el extremo Sur-oriental de la ciudad, y corriendo por el grupo de colinas hacia el Norte se encuentran Peregrina, Villalpando, Peñafiel, San Nicolás, Sirena, La Garrapata, Rayas-Mellado, La Cata, Tepeyac, Valenciana, Santa Ana, La Luz y muchas otras más.